El equilibrio no siempre es 50/50 – Yoga para Equilibrio | Mujeres +40
Hace poco estaba practicando yoga para equilibrio y me llamo mi amiga para hablar conmigo sobre su relación. Entre una cosa y otra terminamos hablando de algo que he aprendido después de casi veinte años de matrimonio: el equilibrio no siempre significa 50/50.
Cuando comenzamos una relación podemos pensar que todo debería dividirse por la mitad. Tú haces esto, yo hago aquello. Tú das 50 y yo doy 50.
Pero la vida no siempre funciona así.
Hay temporadas en las que quizás yo tengo que dar un 80% mientras mi pareja solamente puede dar un 20%. Y habrá otras en las que sea yo quien necesite ese 80% de la otra persona.
Pasa en el matrimonio, pero también en muchas de nuestras relaciones. Con nuestros hijos, nuestros padres, nuestra familia. Hay momentos en los que sostenemos más y otros en los que necesitamos que alguien nos ayude a sostener.
Y mientras pensaba en aquella conversación, me di cuenta de que en el mat ocurre algo muy parecido.
Cuando estamos de pie y llevamos una rodilla hacia el pecho, ya no estamos distribuyendo nuestro peso entre los dos pies. Una pierna queda libre mientras la otra se convierte en nuestra base.
El cuerpo no dice: “Esto no es justo, ese pie está haciendo más trabajo.” 😂
Simplemente responde a lo que necesita ese momento.
• El pie se adapta.
• El tobillo hace pequeños ajustes.
• La mirada busca un punto estable.
• La respiración continúa.
Y cuando cambiamos de lado, también cambia quién sostiene el peso.
Quizás por eso me gusta tanto observar lo que sucede durante una práctica de yoga. A veces algo tan sencillo como sostenernos sobre una pierna puede recordarnos algo que también ocurre fuera del mat:
El equilibrio no siempre consiste en repartir todo por igual. A veces consiste en saber cuándo sostener, cuándo dejarnos sostener y cómo ajustar sin perder nuestro centro.

Yoga para equilibrio | El equilibrio es ajuste, no es inmovilidad
Cuando practicamos equilibrio en el yoga, muchas veces pensamos que hacerlo bien significa quedarnos completamente quietas.
Pero observa lo que realmente sucede en tu cuerpo.
• El pie se mueve y se adapta.
• El tobillo responde.
• La cadera se organiza.
• La mirada busca un punto estable.
Y mientras todo eso ocurre, seguimos respirando.
Nuestro cuerpo está haciendo pequeños ajustes todo el tiempo para ayudarnos a mantener el equilibrio.
Por eso, cuando practico, no busco una postura perfectamente inmóvil. Si pierdo un poquito el balance, lo observo, vuelvo a sentir el pie que me sostiene, fijo nuevamente mi mirada y regreso.
El equilibrio no es quedarnos quietas. Es aprender a ajustarnos sin perder nuestro centro.
Y quizás esa también sea una bonita manera de mirar nuestra vida.

¿Qué pasa cuando siempre es la misma persona la que sostiene?
Hay momentos en los que dar más es parte de amar, acompañar y cuidar. Si alguien que queremos está atravesando una etapa difícil, quizás durante un tiempo necesita apoyarse un poco más en nosotras.
Pero apoyar a alguien no significa cargarlo para siempre.
Para mí, ahí está una diferencia importante. En una relación saludable, ese 80/20 puede cambiar. Hoy quizás yo tengo más energía, tiempo o recursos para sostener un poco más. Mañana puedo ser yo quien necesite apoyo.
El problema comienza cuando el peso nunca cambia de lado.
Cuando una persona constantemente da, resuelve, sostiene y se adapta, mientras la otra simplemente se echa hacia atrás esperando ser cargada, ya no estamos hablando de un ajuste temporal.
Estamos creando un desequilibrio.
Y volvemos otra vez al mat.
Podemos sostenernos sobre un solo pie durante unas respiraciones. Podemos sentir cómo trabaja esa pierna y observar todos los pequeños ajustes que hace el cuerpo.
Pero no estamos diseñadas para pasar la vida paradas sobre una sola pierna.
Eventualmente necesitamos bajar el otro pie y recuperar nuestra base.
Quizás en nuestras relaciones también necesitamos preguntarnos de vez en cuando:
¿Nos estamos apoyando mutuamente o una sola persona está cargando todo el peso?
Volver a sentir dónde estamos
En una postura de equilibrio hay momentos en los que basta con cambiar la mirada para sentir que todo cambia.
Por eso utilizamos drishti: llevamos la mirada hacia un punto estable y dejamos que nuestra atención permanezca allí.
También está la respiración.
A veces estamos tan concentradas intentando mantener una postura que, sin darnos cuenta, comenzamos a contener el aire. El cuerpo se pone rígido y aquello que estábamos intentando controlar se vuelve todavía más difícil.
Entonces regresamos a lo básico:
Tres anclas para volver al centro
1. Siente el pie. Tu base siempre está ahí.
2. Encuentra tu mirada. El drishti te ancla al presente.
3. Respira. Si respiras, puedes practicar.
Y si pierdes el equilibrio, bajas el pie y vuelves a empezar.
Parece algo muy sencillo, pero para mí ahí existe una de las grandes enseñanzas de la práctica: aprender a reconocer cuándo hemos perdido nuestro centro sin convertir ese momento en un fracaso.
Porque fuera del mat también perdemos el centro.
Perdemos la paciencia. Reaccionamos de una manera que después no nos gusta. Nos distraemos. Nos alejamos de cosas que nos hacen bien. Hay temporadas en las que sentimos que estamos muy conectadas con nosotras mismas y otras en las que apenas nos reconocemos.
La práctica no nos enseña a permanecer perfectamente equilibradas todo el tiempo. Nos da un espacio para practicar cómo regresar.

Regresar también requiere ahimsa
Durante mis años enseñando yoga he visto estudiantes frustrarse porque pierden el equilibrio en una postura. A veces ocurre en Half Moon o en cualquier postura que ese día simplemente no quiere salir.
Y aparece el enojo.
Nos enfadamos con el cuerpo. Nos juzgamos. Pensamos que deberíamos poder hacerlo porque ayer podíamos, porque llevamos años practicando o porque la persona que está a nuestro lado parece hacerlo sin dificultad.
Pero nuestro cuerpo también está viviendo nuestra vida.
Hay temporadas en las que estamos fuertes. Otras en las que enfermamos. Dejamos de practicar, regresamos, nuestro cuerpo cambia, aumenta o pierde peso, envejece, se recupera, vuelve a empezar.
Por eso regresar al centro también necesita ahimsa: practicar la no violencia en la manera en que nos tratamos.

Practicar la compasión cuando perdemos el balance
• Quizás perdimos el balance.
• Quizás reaccionamos.
• Quizás hasta enrollamos el mat y nos fuimos enojadas. 😂
Podemos reconocerlo. Y ese reconocimiento también es práctica.
No necesitamos castigarnos por habernos alejado del centro. Podemos observar lo ocurrido, aprender algo sobre nosotras mismas y volver a intentarlo con un poco más de compasión.
Después de tantos años practicando y enseñando yoga, para mí ese ha sido un camino mucho más largo que completar cualquier postura.
Porque las posturas cambian junto con nuestro cuerpo y nuestra vida.
Pero aprender a observarnos, reconocernos y regresar una y otra vez con amor hacia nosotras mismas…
ese sí puede ser el trabajo de toda una vida.
Volver al centro, una y otra vez
Quizás por eso terminamos esta práctica de la misma manera en que comenzamos: en Tadasana.
Después de movernos, cambiar la distribución del peso, sostenernos sobre una pierna, perder quizás el equilibrio y volverlo a encontrar, regresamos a nuestros dos pies.
Volvemos a nuestra base.
No necesariamente somos las mismas que comenzaron la práctica unos minutos antes. Tal vez el cuerpo se siente diferente. Quizás la respiración está más tranquila. O simplemente prestamos un poco más de atención a cómo estamos en ese momento.
Y eso es suficiente.
El equilibrio no significa que todo en nuestra vida tenga que estar perfectamente dividido, organizado o bajo control.
• Habrá días de 50/50.
• Habrá temporadas de 80/20.
• Habrá momentos en los que nos toque sostener y otros en los que necesitemos dejarnos sostener.
• También habrá días en los que perdamos completamente el balance.
Lo importante es aprender a reconocer dónde estamos, hacer los ajustes que necesitamos y recordar que siempre podemos regresar a nuestro centro.
“La rigidez nos cierra. La flexibilidad nos abre a las posibilidades, nos abre puertas.” – Albitayoga
Practica conmigo
Esta semana preparé una práctica de yoga para mujeres +40 enfocada en equilibrio, estabilidad y enfoque.
Durante la clase vamos a trabajar con los pies, la distribución del peso, la mirada y la respiración mientras exploramos diferentes posturas de equilibrio en yoga.
No necesitas hacerlo perfecto.
• Si te mueves, observa.
• Si pierdes el balance, respira.
• Si necesitas bajar el pie, bájalo.
Y cuando estés lista, vuelve a intentarlo.
Porque quizás el equilibrio no consiste en permanecer siempre en el centro, sino en aprender a reconocer cuándo nos alejamos y cómo regresar.
Si respiras, puedes practicar. 💜 Dale play y comenzamos.
Sigue practicando.
Si hiciste esta práctica, cuéntame en los comentarios cómo fue tu experiencia con el equilibrio. ¿Qué notaste cuando comenzaste a sentir tus pies, respirar y encontrar tu mirada?
Recuerda que no se trata de permanecer inmóvil, sino de aprender a ajustar y volver a tu centro.
Si quieres seguir practicando conmigo, suscríbete a mi canal de YouTube para encontrar nuevas clases de yoga para mujeres +40.
Y si sientes que necesitas algo más que una sola práctica y quieres volver a crear el hábito de encontrarte contigo, te invito a 30 Días Vuelve a Ti, un espacio para regresar poco a poco a tu práctica, a tu respiración y a tu centro.
Gracias por tu tiempo,
Albita









You must be logged in to post a comment.