Haz una Pausa Consciente: Mindfulness en Español y Yoga para Mujeres +40 | Albita Yoga
Haz una Pausa: Una Práctica Sencilla para Volver a Ti
Hay días en los que pasamos de una tarea a otra sin detenernos un solo momento.
Nos levantamos, hacemos café, respondemos mensajes, trabajamos, cocinamos, manejamos, resolvemos problemas y, cuando nos damos cuenta, el día ya terminó.
Vivimos con tanta prisa que dejamos de preguntarnos algo muy sencillo:
¿Cómo estoy hoy?
La práctica de mindfulness y yoga me ha enseñado que hacer una pausa no significa detener la vida.
Significa detenerme lo suficiente para volver a encontrarme.
A veces esa pausa dura cinco respiraciones.
A veces es tomarme el café mirando el cielo.
Otras veces es salir unos minutos a caminar, sentir el sol en la cara o simplemente observar cómo se siente mi cuerpo.
No es tiempo perdido.
Es el momento en el que dejo de vivir en piloto automático.
El mat es nuestro laboratorio
Siempre les digo a mis alumnas que el mat de yoga es nuestro laboratorio.
Allí practicamos respirar cuando una postura se pone difícil.
Practicamos regresar al equilibrio cuando nos tambaleamos.
Practicamos relajar los hombros cuando descubrimos que estaban tensos.
Practicamos observar sin reaccionar inmediatamente.
Pero la práctica no termina cuando enrollamos el mat.
La práctica continúa cuando llevamos esas mismas herramientas a nuestra vida diaria.
Cuando vamos a salir de la casa con prisa y hacemos una pausa antes de coger las llaves.
Cuando nos damos cuenta de que estamos comiendo de pie y decidimos sentarnos unos minutos.
Cuando respiramos antes de responder en medio de un momento difícil.
Cuando notamos que estamos tensando la mandíbula o llevando los hombros hacia las orejas y conscientemente los relajamos.
Ahí también estamos practicando yoga.
La calma no significa una vida sin problemas
Muchas personas me dicen que siempre me ven tranquila.
Y, a veces, hasta mi propia familia piensa que yo no tengo problemas.
La realidad es muy distinta.
Yo también me preocupo.
También he llorado.
También he sentido ansiedad.
También he atravesado momentos muy difíciles.
La diferencia no es la ausencia de problemas.
La diferencia es que el yoga me ha regalado herramientas para volver al centro una y otra vez.
No siempre lo consigo al primer intento.
Pero sé cómo regresar.
Y eso cambia la manera en la que vivo.
La calma no significa que nunca vamos a perder el equilibrio.
Para mí, la calma también está en reconocer que lo perdí y saber que puedo volver.
¿Por qué hacer una pausa consciente?
Hacer una pausa consciente puede parecer algo muy sencillo, pero para mí se ha convertido en una herramienta poderosa para traer más conciencia a mi vida. Es, en esencia, lo que llamamos mindfulness en español: la práctica de vivir con más presencia.
Cuando vivimos con prisa, muchas veces reaccionamos antes de observar.
Contestamos de mala manera.
Corremos.
Nos molestamos por todo.
Comemos de pie, o mirando el celular.
Pasamos de una tarea a otra.
Y ni siquiera nos preguntamos:
¿Cómo me siento?
¿Qué necesito hoy?
Una pausa crea un pequeño espacio entre lo que está ocurriendo y nuestra respuesta.
Puede ayudarnos a bajar el ritmo, aclarar la mente y observar lo que estamos sintiendo antes de reaccionar.
También nos permite notar esas cosas sencillas de la vida que fácilmente pasan desapercibidas cuando vivimos en piloto automático.
El cielo.
Una taza de café.
Nuestra respiración.
El sonido de los pájaros.
Una conversación.
El sol entrando por una ventana.
O simplemente cómo se siente nuestro cuerpo ese día.
Para mí, una pausa puede sentirse como un pequeño botón de reset para el cuerpo y la mente.
No necesariamente cambia lo que está ocurriendo afuera.
Pero puede cambiar la manera en la que estoy presente para vivirlo.
Formas sencillas de practicar una pausa consciente
No necesitas desaparecer durante una semana ni irte a un retiro.
Puedes comenzar con pequeñas pausas durante tu día.
Si llevas mucho tiempo frente a la computadora, levántate. Camina unos minutos. Mira por la ventana. Mueve los hombros y el cuello.
Haz una sola tarea a la vez.
Sal afuera y observa el cielo.
Camina unos minutos sin mirar el teléfono.
Siéntate para comer.
Tómate el café sin hacer otras tres cosas al mismo tiempo.
También puedes utilizar tu respiración. Obsérvala.
Antes de contestar una llamada difícil, responder un mensaje o reaccionar en el tráfico, prueba hacer unas respiraciones lentas.
Puedes inhalar suavemente contando hasta cuatro y exhalar contando hasta seis, siempre que ese ritmo resulte cómodo para ti.
No necesitas convertir cada pausa en una práctica complicada.
A veces son solamente cinco respiraciones.
También puedes experimentar con unas horas —o incluso un día— lejos de las pantallas y observar cómo te sientes.
La pausa no tiene que ser perfecta.
Solo tiene que ser consciente.
Haz una pausa también en tus pensamientos
Hay otro lugar donde podemos practicar la pausa: en nuestra mente.
A veces repetimos el mismo pensamiento una y otra vez.
Nos preocupamos por algo que todavía no ha ocurrido.
Tenemos conversaciones enteras dentro de nuestra cabeza.
O nos hablamos de una manera en la que jamás le hablaríamos a alguien que queremos mucho.
Cuando notes que esto está ocurriendo en tu mente, no tienes que pelear con el pensamiento.
Primero, obsérvalo.
Ahí está otra vez.
Haz una pausa.
Exhala todo hacia afuera.
Y pregúntate:
¿Este pensamiento me está ayudando?
Quizás no puedas cambiarlo inmediatamente.
Pero ya hiciste algo importante.
Lo observaste. Lo exhalaste.
Dejaste de seguirlo automáticamente.
Y creaste un pequeño espacio para elegir qué hacer con él.
Eso también es conciencia.
A veces hacer una pausa significa decir que no
Esta quizás sea una de las pausas más difíciles.
La pausa antes de decir sí.
Cuando alguien te pide algo, no siempre tienes que contestar inmediatamente.
Puedes decir:
“Déjame pensarlo.”
Y darte tiempo para preguntarte:
¿Tengo espacio para esto?
¿Realmente quiero hacerlo?
¿Qué necesito yo?
Practicar límites saludables también es una forma de cuidarnos.
No podemos decirle que sí a todo el mundo y después preguntarnos por qué estamos agotadas.
A veces cuidarte significa decir:
“Hoy no puedo.”
Honrar tus necesidades también importa.
Haz una pausa cuando la vida esté bonita
No todas las pausas tienen que aparecer cuando algo está mal.
Esto para mí es importante.
También podemos hacer una pausa cuando la vida está bonita.
Cuando el cielo está precioso.
Cuando aparece la luna.
Cuando alguien que amas se ríe.
Cuando entra el sol por la ventana.
Cuando el café sabe particularmente rico.
Cuando tu cuerpo se siente fuerte.
Cuando llega algo bueno que no esperabas.
Haz una pausa.
Míralo.
Recíbelo.
Agradécelo.
Muchas veces estamos tan acostumbradas a pensar en la próxima tarea, el próximo problema o la próxima meta y le pasamos por encima de las cosas buenas.
A veces tenemos que detenernos lo suficiente para observar lo que Papá Dios nos está regalando.
Haz una pausa para recibir también las cosas buenas de la vida.
¿Qué necesitas hoy?
Estamos acostumbradas a preguntarnos:
¿Qué tengo que hacer hoy?
Pero quizás hay otra pregunta que necesitamos hacernos con más frecuencia:
¿Qué necesito hoy?
Quizás necesitas descansar.
Quizás necesitas moverte.
Salir a caminar.
Apagar el teléfono.
Estar un rato en silencio.
Hablar con alguien.
Decir que no.
Sentarte cinco minutos a respirar.
O simplemente no hacer nada durante un momento.
Algunos días solo necesitamos ese pequeño recordatorio.
Porque tú importas.
Tu paz mental importa.
Tu relación contigo misma importa.
Una pausa puede cambiar un día entero
No necesitas una hora libre.
No necesitas un retiro.
No necesitas hacerlo perfecto.
Empieza con una pausa.
Cinco respiraciones.
Un café sin mirar el teléfono.
Mirar el cielo durante unos minutos.
Salir a caminar.
Y preguntarte:
¿Qué necesito hoy?
A veces, las pausas más pequeñas son las que producen los cambios más grandes.
Porque no interrumpen la vida.
Nos ayudan a vivirla con más presencia.
El mat seguirá siendo nuestro laboratorio.
Ahí practicamos.
Ahí observamos.
Ahí aprendemos a respirar, a tambalearnos y a volver al centro.
Pero después viene la verdadera práctica.
La vida.
Porque la práctica de yoga no termina cuando enrollamos el mat.
Comienza cada vez que eliges volver a ti.
Ahora vamos a practicarlo juntas.
Preparé esta práctica de yoga para ayudarte a bajar el ritmo, observar tu respiración y regalarte unos minutos para volver a ti.
No necesitas hacer nada perfecto. Solo llega al mat como estás hoy.
¿Cómo te fue, hermosa?
Cuéntame en los comentarios: ¿pudiste hacer una pausa hoy? ¿Cómo te sintiste después de la práctica?
Me encanta leerlas. Cada experiencia que comparten me recuerda por qué hacemos esto juntas.
Y si esta práctica de yoga y mindfulness te ayudó a bajar el ritmo aunque sea unos minutitos, imagínate lo que puede hacer una práctica constante en tu vida diaria.
Hay más clases, más artículos y más recursos esperándote en el blog de Albita Yoga. Sígueme para que no te pierdas nada — aquí siempre encontrarás un espacio para volver a ti.
Con cariño, Albita







